- Lunes, 05 enero de 2009 | 22 °C
- Actualizado: 20:48 | Usuarios: 27765 | Escríbanos | RSS Último momento | RSS Ed. Impresa
| Dom. 24 jun '07
El cuarto hombre de Japón: Naruse
Es considerado un maestro del cine japonés. Empezó a filmar en los años del cine mudo y tuvo como asistente de dirección a Akira Kurosawa. Se trata de Mikio Naruse (1905-1969), un cineasta tan callado como las piedras. Dirigió un centenar de películas.
Por su tercer aniversario, y dentro de la muestra El estallido del cine de Oriente en el mundo, la Filmoteca PUCP ha seleccionado cinco películas del director japonés: Madre, La voz de la montaña, Nubes flotantes, Cuando una mujer sube la escalera y Nubes dispersas.
MUJERES CON VOZ.
El cine de Naruse persistió en la representación del presente. Las protagonistas de sus dramas son mujeres comunes que, sin ser enaltecidas hasta el martirio, luchan por sobrevivir en el Japón de la posguerra, donde el dinero ha destronado a los dioses sintoístas.
Masako tiene que hacerse cargo de la tintorería familiar a la muerte de su esposo en Madre; Kikuko soporta con estoicidad -semejante a las féminas que pueblan las películas de Fassbinder- los desplantes e infidelidades de su esposo, mientras su suegro se enamora de ella en La voz de la montaña; Yumiko enviuda y rechaza la ayuda del hombre que atropelló a su esposo en Nubes dispersas. En el cine de Naruse, las mujeres eligen la dirección que tomarán sus vida a costa del sufrimiento; a veces, acompañan esa voluntad con decisiones extremas que incluyen el aborto voluntario. Mujeres con voluntad de hierro que, en más de una ocasión, demuestran poseer intereses materialistas, como la protagonista de Cuando una mujer sube la escalera. Tal vez nada extraordinario para estos tiempos, pero sí para el contexto del Japón en el que Naruse desarrolló su carrera, donde la sumisión de la mujer era moneda corriente.
La ausencia de picos dramáticos es otro de las rasgos de su cinematografía: la historia se va construyendo con fluídos planos de corta duración y con una serie de diálogos breves, sugerentes o informativos, puestos en boca de unos actores cuyo desempeño está signado por la contención dramática. La acción se realiza a partir de pequeños gestos o de movimientos nunca exagerados seguidos por una cámara atenta a las emociones humanas. Mikio Naruse es el cineasta de lo sencillo.
Por su tercer aniversario, y dentro de la muestra El estallido del cine de Oriente en el mundo, la Filmoteca PUCP ha seleccionado cinco películas del director japonés: Madre, La voz de la montaña, Nubes flotantes, Cuando una mujer sube la escalera y Nubes dispersas.
MUJERES CON VOZ.
El cine de Naruse persistió en la representación del presente. Las protagonistas de sus dramas son mujeres comunes que, sin ser enaltecidas hasta el martirio, luchan por sobrevivir en el Japón de la posguerra, donde el dinero ha destronado a los dioses sintoístas.
Masako tiene que hacerse cargo de la tintorería familiar a la muerte de su esposo en Madre; Kikuko soporta con estoicidad -semejante a las féminas que pueblan las películas de Fassbinder- los desplantes e infidelidades de su esposo, mientras su suegro se enamora de ella en La voz de la montaña; Yumiko enviuda y rechaza la ayuda del hombre que atropelló a su esposo en Nubes dispersas. En el cine de Naruse, las mujeres eligen la dirección que tomarán sus vida a costa del sufrimiento; a veces, acompañan esa voluntad con decisiones extremas que incluyen el aborto voluntario. Mujeres con voluntad de hierro que, en más de una ocasión, demuestran poseer intereses materialistas, como la protagonista de Cuando una mujer sube la escalera. Tal vez nada extraordinario para estos tiempos, pero sí para el contexto del Japón en el que Naruse desarrolló su carrera, donde la sumisión de la mujer era moneda corriente.
La ausencia de picos dramáticos es otro de las rasgos de su cinematografía: la historia se va construyendo con fluídos planos de corta duración y con una serie de diálogos breves, sugerentes o informativos, puestos en boca de unos actores cuyo desempeño está signado por la contención dramática. La acción se realiza a partir de pequeños gestos o de movimientos nunca exagerados seguidos por una cámara atenta a las emociones humanas. Mikio Naruse es el cineasta de lo sencillo.
