Una visita de la Defensoría del Pueblo al Hospital de Policía terminó en una revuelta de pacientes desesperados por las carencias de todo tipo. El escándalo ha visibilizado, una vez más, lo que todos los policías saben: que el servicio de sanidad es un desastre, y no de ahora, sino de hace tiempo.
Que las medicinas que deben ser gratuitas terminan vendiéndose por fuera, que las instalaciones son pésimas, que la atención es discriminatoria, etc. Cómo será de grave el problema, que cualquier policía que está en capacidad de hacerlo se consigue un seguro privado.
Puedo dar testimonio de que en el año 2002 se buscó alternativas. La primera conclusión de los expertos fue impactante: sumando los recursos que da el Estado al Fondo de Salud Policial y lo que se gasta en la Sanidad, se podría dar a los 100,000 policías un seguro privado en las mejores clínicas. El problema no es de recursos sino de personal idóneo, pésima gestión administrativa y corrupción.
¿Hay soluciones? Por supuesto, pero requieren decisión política y vencer poderosas resistencias. Una inmediata para el tema de medicinas es licitar el abastecimiento, distribución y control entre las cadenas de farmacias (el proyecto está listo desde hace cuatro años).
Una alternativa mucho más integral sería acabar con el actual sistema por completo: reentrenar a los miembros de la Sanidad para trabajar en funciones policiales e ir jubilando al resto. Incluir a los policías en la Seguridad Social, la que, a su vez, quedaría repotenciada con los recursos y equipos que la Policía le transferiría. Por supuesto que no es una solución fácil o perfecta, pero permitiría un uso racional de los recursos y mejoraría la calidad de vida de los policías.
Publicidad estatal: Comprensible suspicacia por el incremento súbito de la publicidad estatal al Canal 11, donde el hijo del presidente del Consejo de Ministros es gerente. El Gobierno debe dar explicaciones.
Lo que es grotesco, sin embargo, es que los fujimoristas sean protagonistas de la crítica. Pensándolo bien, quizás sea porque les parezca algo timorato. Después de todo, cuando ellos querían algo de un canal, compraban a los dueños, y al contado. Eficientes los muchachos.
En todo caso, y más allá de la indispensable proporcionalidad y transparencia en la asignación de la publicidad, la millonada que se está gastando es, a todas luces, excesiva y traiciona lo que el presidente Alan García anunció en su discurso inaugural. Peor todavía es que sea el Mininter el que despilfarre millones publicitando "logros", cuando no son capaces de tener medicinas en sus hospitales.