| Dom. 13 abr '08

Sobre las bolsas de alimentos

Esta semana se hizo el lanzamiento experimental del programa de alimentos para los más pobres destinado a paliar los efectos de la subida de precios. El tema puede ser analizado desde dos ángulos.

Por un lado, si es el método más adecuado. Sobre este aspecto se debe reconocer que el Gobierno hace bien en focalizar su atención en los que más lo necesitan. Aun así, cabe preguntarse si no sería mejor fortalecer programas sociales ya en marcha, como Juntos, ampliándolos a nuevos sectores, en lugar de inventar algo nuevo cuya efectividad está por verse. (Sorprendentemente, a la vez que se anunciaba que el lunes se entra a la fase masiva de la distribución de alimentos, el propio presidente se planteaba estas mismas dudas en público).

En segundo lugar, cabe insistir en la pregunta del porqué empezar por Lima, si la cantidad de gente en pobreza extrema es mayor fuera de la capital y también mayor, en provincias, la subida de los precios.

Ya dentro de la opción escogida, llama la atención que se haga en la madrugada y a modo de operación militar. No pocos pobladores deben haber quedado medio traumados al oír a la tropa entrando en sus barrios y ser despertados de madrugada, sin saber bien por qué.

Mulder ha criticado la falta de imaginación, se podría agregar la falta de respeto. Si bien focalizar en las viviendas de los más pobres tiene sentido, no queda claro que esto tenga que hacerse violentando el descanso de la gente y usando a las Fuerzas Armadas. Si el objetivo era evitar tumultos y reclamos, esto se ha logrado muy parcialmente, ya que los noticiarios estuvieron llenos de quejas de los no beneficiados.

El segundo tema tiene que ver con la política detrás de la decisión. Quien haya visto las bolsas se debe haber percatado de que tenían el logotipo de: "Presidencia de la República". Como sabemos no existe tal ministerio, ni tal partida presupuestal. No es el único caso. Lima se está llenando de letreros

promocionando las obras para las cumbres, señalando que se hacen gracias a la "Presidencia de la República".

Con esto se está volviendo a un estilo antiguo y cuestionado en el uso de los recursos públicos y en la relación del Estado con la población. El dinero no es así de los peruanos, administrados por un gobierno elegido para hacerlo por un tiempo determinado, sino lo que se recibe se debe a la generosidad y compasión del presidente.

Esta lógica la llevó al extremo Fujimori durante los noventa, en donde toda obra importante era de la presidencia. Hasta se creó un Ministerio de la Presidencia. Por su parte, Toledo, en su desesperación por recuperar algo de popularidad, empezó a hacer lo mismo, sin mayor éxito, hacia el final de su gobierno. Ahora Alan García cae en lo mismo. La constatación de que los niveles de desaprobación presidencial están alrededor de 70% a nivel nacional parece ser el detonante de esta decisión.

Se trata de un error y debería ser rectificado de inmediato. Refuerza una visión personalizada del poder político que tanto daño hace a las instituciones y que luego regresa como bumerán, sin siquiera dar en el corto plazo los resultados de popularidad esperados. En eso tuvo razón García cuando dijo que a la gente le puedes regalar muchas cosas, pero eso no se transformará en votos. Mayor razón aún, señor presidente, para que quite su nombre de las bolsas.




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