| Dom. 04 may '08

Las extrañas paradojas de la política

¿Puede el país que tiene al presidente más popular de América Latina estar atravesando una crisis política descomunal? ¿Puede, en cambio, el país que tiene al presidente con menos aprobación de toda América del Sur tener una estabilidad política importante? Paradójico, pero para las dos preguntas, la respuesta es sí. Colombia y Perú.

¿Destinos tan encontrados se pueden explicar por la economía? En este caso no. Ambos tienen la misma orientación y en los dos hay crecimiento, pero la pobreza sigue siendo un desafío no resuelto.

La respuesta está por otro lado. Invirtiendo el famoso cliché gringo: "es la política, estúpido". Del por qué de lo nuestro hemos hablado ya hasta el cansancio. Demos una mirada a lo que ocurre en Colombia.

¿Por qué tiene Uribe 80% de aprobación? Coyunturalmente por la ola de patriotismo luego del ataque al campamento de las FARC y las tensiones con Ecuador y Venezuela. Más estructuralmente porque la seguridad ha mejorado y hay la percepción de que están derrotando a la guerrilla. ¿Por qué entonces una crisis tan profunda que involucra al Congreso, las Cortes y el Ejecutivo, tocando incluso la propia legitimidad de Uribe? Difícil de resumir en pocas líneas, pero la respuesta tiene dos vertientes que en estos días impactan como terremotos simultáneos a ese país.

UNO:

La "parapolítica". Muchos políticos colombianos están acusados de complicidad con los grupos paramilitares, sea protegiéndolos, sea recibiendo su apoyo para hacerse elegir. El tema está ya en los tribunales. El caso es que entre los imputados hay 60 congresistas, varios de ellos muy prominentes. Más todavía, el primo hermano del presidente -y muy cercano a él políticamente- el senador Mario Uribe es uno de ellos. Hace pocos días, cuando ordenaron su captura buscó asilarse en Costa Rica y ahora está preso. Todo este proceso ha llevado -además de todas las repercusiones imaginables- a graves choques entre el presidente Uribe y la Corte Suprema.

DOS:

La reelección presidencial, la que ya hubo y la que vendría. Como se sabe, para reelegirse Uribe tuvo que modificar la Constitución en una ajustada votación en el Congreso. Pues Yidis Medina, una de las que votó a favor, ha denunciado al Gobierno por haber comprado su voto y el de Teodolindo Avendaño. Según la revista Cambio no sería solo su dicho, sino que ya presa por este hecho estaría aportando documentación para sustentar sus acusaciones.

La crisis es muy grave y los planteamientos para salir de ella son muy disímiles. Unos quieren que se vayan los que tienen procesos abiertos. Otros hablan de la disolución del Congreso y nuevas elecciones.

Algunos apuntan a una Asamblea Constituyente. Hay quienes incluso llaman a la renuncia del presidente (entre ellos Antanas Mockus, el conocido ex alcalde de Bogotá).

Otros, en cambio, piden que la política no intervenga y deje sola a la justicia haciendo su trabajo. En medio de esta tensión el tema de una segunda reelección polariza más a la clase política, pero puede ser vista como una fuga hacia adelante por quienes tendrían hoy los votos para conseguirla.

Colombia tiene, a mi juicio, la clase política más sofisticada e intelectualmente solvente de la región (el contraste con la nuestra es deprimente). Eso abriga esperanzas para una salida política que -fuese cual fuese- parece requerir hoy de un gran consenso de los colombianos.




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