| Vie. 09 may '08

La violencia de la palabra

En un reciente artículo, la defensora del Pueblo reflexiona sobre los perversos efectos de la violencia en el Perú. (El Comercio, 6/5/2008). La parte final está dedicada a la violencia de la palabra.

Dice Merino: ".el Estado debe ser el sujeto dialogante por naturaleza y educar al pueblo (...) entrenándolo en el lenguaje de la democracia y los derechos humanos, y no faltando jamás a sus compromisos porque la palabra que no se honra rompe el pacto y, en razón de ello, se entronizan la desconfianza y la fuerza bruta".

Agrega: "Nada socava más la credibilidad y la legitimidad de una autoridad que la palabra incumplida, el gesto displicente o la frase insultante (.) en esta hora en que menudean los agravios de un lado y de otro, en que se polarizan las opiniones sobre cuestiones de carácter coyuntural, en que prima el desorden y, sobre todo, una suerte de predominio de la desmesura en las formas y del encono dogmático en los conceptos, siento que es mi deber (.) exhortar a los líderes del Perú a hacer uso de un lenguaje constructivo y conciliador (.) instalar en el escenario político a nuestros principales dirigentes como referentes de la tolerancia y del respeto a las ideas de los otros, del cumplimiento de las promesas, del hábito de respetar la verdad y el honor de los demás".

Importante reflexión que debiera ser recogida por todos, especialmente por quien ocupa la más alta magistratura y cuya ya proverbial violencia discursiva ocasiona, dado el lugar que ocupa, un impacto negativo mucho mayor.

CAVIAR:

Hablando de violencia verbal, ya a Merino la descalifican por "caviar" (¡ella viene del Fredemo!). El epíteto es infaltable en el lenguaje fujimorista, pero lo lanzan también otros que juran no comulgar con ellos. Inicialmente se usaba para burlarse de una forma frívola de ser de izquierda, pero cada vez se extiende a más situaciones y a más gente.

Hay periodistas que -al igual que Merino- son de una tradición liberal que ya son caviares. Pero hay también instituciones caviares, como la propia Defensoría del Pueblo, la Universidad Católica, varios periódicos, canales de TV y, por supuesto, las ONG. A veces, incluso, hablan de organismos internacionales y gobiernos caviares.

¿Qué les irrita tanto de gente e instituciones tan disímiles y tan poco articuladas entre sí? Lo que los saca de sus casillas es que no acepten el todo vale como forma de hacer política; que demanden límites y que estos estén marcados por derechos básicos reconocidos en las leyes; pero, antes incluso que ello, por principios y convicciones.




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